Rebelde sin causa

¿Quién no recuerda aquella chupa de James Dean?, ¿quién no le recuerda a él?

Esa prenda indispensable de nuestro armario que esté nublado, llueva o haga sol siempre tendrá cabida en nuestra maleta, allá dónde vayamos. Llevar una chupa de cuero supone dos cosas: la primera, es que tendrás algo para que podrás pasar a tus hijas a modo “prenda vintage”.  Y la segunda, es que sientes que tienes una reliquia. Solo se siente, es especial.

Queda bien con todo, te pongas lo que te pongas. Se adapta tanto a vestido como a pantalón, y , es como el vino… Cuánto más vieja, más sabor , más flexibilidad.  Habrá sido testigo de viajes, fiestas, cumpleaños, erasmus, citas. Habrá sido testigo de los eventos más importantes de tu vida.

A lo que voy, es que a veces hay que “golpear” y “arrugar” nuestro outfit una y otra vez para quitarle la rigidez de lo nuevo,  también eso ocurre con las personas pero a la inversa.

Con el paso del tiempo, las experiencias vividas y los golpes en el camino hacen que  la rigidez  se apodere de nosotros, y  en lugar de hacernos más sencillos y moldeables nos volvemos más complejos. Tan sólo tenemos una vida para lucir esa chupa que tanto nos gusta… ¿Por qué no mimetizarnos como ella?

Desquebrajarnos para deshacernos y recoger pieza a pieza nuestros pedazos. Reconstruirnos más fuertes y mejorados, más hábiles y adaptables. Más humanos.

Heridas y remiendos que se curan, se cosen, y se limpian en unas horas. Pero que permanecen en nuestra alma por siempre- dejemos que solo nos hagan más sabios.

Ser como una chupa de cuero nos haría la vida más fácil, ya que el tiempo y los años la seguirán haciendo extremadamente elegante por dentro y por fuera. Para el que la lleva, y para el  que la encuentra.

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