RIO DE JANEIRO, ILHA GRANDE, PARATY

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Por esta época hace exactamente un año que estaba regresando de Brasil con la maleta vacía de ropa, pero llena de momentos y recuerdos inolvidables. Por que cuando uno imagina Brasil, piensa en una naturaleza inmarcesible que rodea grandes edificios, favelas, y casas bajas entre morro y morro, lo que en castellano conocemos como colinas. Pues bien, todo lo que imagines, se quedará corto.

La idea de este viaje era retomar el contacto con el idioma, vivir nuevas experiencias y sacar adelante algunos proyectos. Aproximadamente estuve unos veinte días en Río de Janeiro descubriendo los contrastes de la ciudad, y su maravillosa naturaleza, playas y peculiar estilo de vida. Me reencontré con viejas amistades, y encontré muchas otras nuevas.

Mi punto de partida durante ese tiempo fue Barra de Tijuca, uno de los nuevos barrios al oeste de la ciudad brasileña. Lúcia, mi eterna amiga, me abrió las puertas de su casa y me presentó a la ciudad maravillosa.  En Barra casi todo son largas avenidas con grandes urbanizaciones en las que hay de prácticamente de todo, desde gimnasio, sauna, biblioteca, sala de juegos, parque, piscina y hasta farmacia en algunas de ellas. Esto me llamó la atención, las urbanizaciones son como pequeñas burbujas donde los vecinos tienen a mano las necesidades de hoy en día, sin necesidad de moverse más de 500 metros.

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Minha guria

Durante los primeros días me dediqué a leer y pasear por algunas de las playas más famosas de la zona, observando los paisajes y el ambiente. Pasar un día en las playas de Río de Janeiro es diferente y especial. Os recomiendo que probéis algunas de las cosas más típicas del país, gracias a los vendedores ambulantes que están desde primera hora de la mañana vendiendo auténticas delicias cariocas. Aquí algunas de las cosas que más me gustaron, ¡aunque hay mucho por experimentar!

Água de coco: el agua combina con todo y además te hidrata, por lo que el agua de coco es tu mejor aliada para disfrutar del calor carioca.

Biscoito Globo: no penséis que es un bizcocho, no. Son gusanitos gigantes, muy conocidos desde hace años en Brasil. Los venden dulces y salados, aunque a mí me gustó más el salado, muy crujiente y con un sabor peculiar.

Queijo coalho: me encanta el queso en todas sus versiones, pero éste se lleva la palma. El queijo coalho se vende por la playa y sus vendedores cargan a cuestas unas parrillas donde lo doran y se va derritiendo, una delicia para picar algo entre baño y baño.

Açaí:  es el fruto de una palmera (Euterpe Oleracea) que crece únicamente en estado silvestre, en la selva lluviosa al norte del Brasil. Durante siglos, las bayas de açaí se consumían solo en la selva tropical de América del Sur, donde constituyen un alimento esencial en la dieta de los indígenas del Amazonas, que, además, las emplean como medicamento natural para el tratamiento de enfermedades de la piel y para curar males digestivos. Lo puedes comer solo o con banana.

Sucolé do Claudinho: Me recuerda al flash que todos conocemos y que tomábamos cuando éramos pequeños. El Sucolé do Claudinho  ha tenido muchas imitaciones, pero nada como que el que apareció hace más de veinte años. Sus vendedores son característicos porque visten con ropa amarilla y letras rojas, algo que inevitablemente me devuelve a nuestro querido país. Su secreto? Están hechos a base de pulpa y leche condensada con maracujá, mango, açai, piña, naranja… y muchos más sabores que descubrirás con la fruta tropical de Brasil.

Sobre lugares que debéis tener en cuenta si pasáis algún tiempo en Río de Janeiro:

Prainha- Reserva natural no Recreio dos Bandeirantes, es una pequeña playa paradisiaca muy tranquila, sólo los locales la conocen. Está rodeada de morros  y de una vegetación maravillosa, ya que se encuentra dentro de un área de protección ambiental en la que no se permiten nuevas construcciones, por lo que la fauna y la flora de los alrededores están protegidas. Además de disfrutar de su arena blanca y aguas transparentes podrás fascinar con sus maravillosas vistas. Entre semana suele haber poca gente, tan sólo algunos surferos porque no hay turistas, y los locales suelen trabajar, así que es ideal para descansar, desconectar y disfrutar de este pequeño paraíso.

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Vistas desde Prainha

Sin dejar de mencionar la playa de Grumari que es la siguiente hacia el oeste, y está considerada la mejor para bañarse en el mar aunque algunos días está muy agitado por lo que es la preferida por los surferos cariocas, con olas de hasta 3 metros de altura.

En una de las trilhas del Parque Nacional da Tijuca hice unas 2 horas de subida hasta la Vista Chinesa,  donde divisé tantos puntos turísticos como pude, más incluso que desde el Cristo Redentor o el Pan de Azúcar. Una reserva natural donde la escalada, el senderismo y las cascadas son sus principales atracciones. Un privilegio poder disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor en medio de la ciudad.

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Vista Chinesa- Parque Nacional da Tijuca

Ya en el centro de la ciudad visité algunos museos y restaurantes típicos de la zona como por ejemplo, la confitería-cafetería Colombo situada en el centro histórico  y recientemente elegida cómo uno de los 10 más bellos cafés del mundo.

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Café Colombo

Seguimos paseando hasta el restaurante Amarelinho da Cinelândia también en el centro, en concreto na Praça Floriano, 55 – B. Su historia data de 1921, fundado en la época de los teatros y cines que se abrían para recibir a la élite carioca, para muchos la época “Broadway Brasileira”.

Y como no, venir a Río y no hacer un tour por sus bares de toda la vida conocidos como Botecos, es imperdonable. Aquí algunos de los más interesantes para ir por sus aperitivos y ambiente:

  1. Bar Urca, en el Barrio de Urca
  2. Armazém São Thiago, en Santa Teresa
  3. Cervantes, en Copacabana
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Bar Urca- Rioloft

Lo suyo es ir callejeando y entrar a los botecos en los que veas gente en la calle con cerveza en mano.

Me perdí por muchos barrios, muy diferentes cada uno. Algunos acompañada por amigos, otros sola. En función de como te planifiques, deberás asegurarte hablando con la gente de allí,  qué calles o lugares debes evitar para no llevarte alguna sorpresa. Uno de mis preferidos: el barrio de Urca, con uno de los principales puntos turísticos de la ciudad: el Pan de Azúcar. Aunque si te tomas un tiempo para perderte y callejear por sus melancólicas calles, descubrirás un pueblecito en medio de la gran ciudad con pequeñas casas blancas y una luz resplandeciente.

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Bohemia

A su vez el barrio de Lapa encarna el espíritu bohemio de los cariocas, donde conciertos, eventos culturales y festivales gastronómicos a pie de calle serán los protagonistas de darle vida a sus calles.

No olvides visitar el barrio de Santa Teresa, donde el buen gusto, el arte y la intelectualidad se dan la mano en las empinadas laderas de un morro que durante los primeros años del siglo XX vivió su mayor momento de esplendor, como se puede observar en sus majestuosos palacetes. Santa Teresa me recuerda a la antigua Lisboa carioca, caracterizado también por su famoso bondinho de Santa Teresa, un tranvía de 1872 que atrajo a muchos turistas, hasta que hace unos años dejó de funcionar por dos catastróficos accidentes… A día de hoy el barrio recupera su vitalidad y  alberga mercadillos nocturnos en los locales de los artistas, que abren sus puertas a los turistas para vender sus obras y productos locales y artesanales.

Con respecto a las  favelas, me pregunté más de una vez si a las personas que vivían allí les parecía bien que se hubieran convertido en una atracción turística, pero por otro lado parte de la recaudación del tour se invertiría en mejorar las infraestructuras de la comunidad. Puedes hacerlo contratando un tour, o por tu cuenta. Pero nadie te asegura que sea seguro. La favela  Rocinha es la más grande de Sudamérica y goza de una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

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A Rocinha

Ipanema, Copacaba, Jardin Botánico, Museo Nacional, Biblioteca Nacional, Escalera de Selarón, Cristo Redentor, Lagoa… Un flujo frenético de gente que no para. La ciudad se rinde al deporte y culto al cuerpo, verás en cada playa, barrio o rincón lugares dedicados al deporte donde cientos de personas se reúnen cada día para hacer yoga, jugar un partido de vóley playa, hacer trilhas, o salir a correr. Para los brasileros el deporte es un estilo de vida.

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Lagoa

Mi estancia en Río llegaba a su fin ya que estaría dividida por algunas islas y ciudades de costa que quería visitar. Mochila y carretera dirección dirección Sao Paulo me encontraba sentada en la ventanilla de un autobús que hace la ruta de la costa parando por pequeñas ciudades aledañas a Río. La que me interesaba era Mangaratiba desde donde cogería una lancha para llegar hasta Isla Grande, una de las islas vírgenes de Brasil. Aunque también podéis hacerlo desde Angra Dos Reis, la ciudad a la que pertenece la Isla. De camino conocí a algunas personas que también estaban viajando solas e intercambiamos información. Una vez allí, a una hora y media de Río, me dirigí hacia el puerto, un mini puerto con 3 o 4 botes anclados y una lancha turística que hacía viajes de ida y vuelta hacia Isla Grande. Pagué unos 38 reales aproximadamente y mientras esperaba charlando con Pierre, un francés de padre español, y a día de hoy un buen amigo, comimos unas coixinhas de queijo. Por fin llegó la lancha donde iríamos y estaba feliz por haber cumplido uno de mis objetivos: perfeccionar mi portugués, invertir tiempo en crear y sacar proyectos a flote y viajar sola por el país. Implícitamente eso conllevaba tomar algunas decisiones importantes, que a distancia y con el paso del tiempo, fueron las correctas.

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Cais de Mangaratiba

Era la  hora bruja, el viento me daba en la cara mientras la lancha nos llevaba hasta la isla. El sol nos seducía con sus naranjas rosados hasta un verde lleno de vida… allí estaba en medio de la nada, solo se veía verde, agua cristalina y paz, se respiraba paz. Era un paraíso, y quien la haya visitado estará de acuerdo.

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Ilha Grande

Más de 193 kilómetros cuadrados albergan todo cuanto puedas imaginar  ríos, playas vírgenes, lagunas, cascadas, bosques, montañas hasta más de cien playas  para elegir además de pousadas ( pequeños hostales).

Isla Grande es un lugar ideal para muchas cosas, y una de ellas son los deportes marítimos como surf, snorkel y buceo ya que sus fondos son muy atractivos debido a la gran cantidad de barcos hundidos y su exótica fauna marina. También destacan las rutas de senderismo o ciclismo que te conducirán hacia una playa u otra, así como escaladas que llegan hasta las cimas más altas, la más conocida el Pico de Papagaio. 

Me hospedé en la Vila do Abraão, el principal núcleo urbano y a la vez un acogedor pueblo de pescadores donde el tiempo parece haberse detenido ya que los coches son sustituidos por carruajes y calles de arenilla donde su gente transporta las cargas de un sitio a otro.  Allí encontrarás pousadas, cabañas, chiringuitos y puestos ambulantes a pie de playa así como monumentos coloniales, antiguas casonas, iglesias y hasta una cárcel que fue albergue primero para los enfermos de lepra y años después para convictos, posteriormente se cerró en 1994.

Los días pasaban y no era consciente del tiempo. Horas y horas caminando hasta llegar a playas vírgenes como la de Lopes Mendes o  la Cachoeira da Feiticeira, largas conversaciones amenizaban nuestros paseos y trilhas con los amigos que se iban uniendo durante el camino. Allí el trabajo en equipo era importante para escalar algunas zonas y ayudar a bajar pequeños acantilados selváticos. Risas, bromas, intercambios lingüísticos y culturales… así completábamos nuestros días. Tuve tiempo para escribir, pensar, relajarme y hasta ver por primera vez luciérnagas. Estaba emocionada como una niña pequeña, me acerqué a verlas, pero solo veía su parpadeo, ¿cómo era posible que brillará tanto algo tan pequeño?

Ilha grande

Ilha Grande

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Trilha da Lopes Mendes

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Ilha Grande

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Cachoeira da Feiticeira

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Cachoeira da Feiticeira

Encuentros y desencuentros que continuaron una etapa más del viaje. De camino volvimos por otra ruta hasta llegar al puerto de Angra Dos Reis, una ciudad rodeada islas, islotes y preciosas playas de aguas cristalinas. Aprovechando la parada, nos dimos un buen festín: feijoada para coger fuerzas y seguir paseando por la ciudad, disfrutando de monumentos de la época colonial. Llegamos hasta una pequeña iglesia pero impactante, maciza, sin ventanas a la vista, era la iglesia Matriz . Muy diferente a las iglesias europeas pero a la vez con tantas cosas en común. Aquí se realizaban charlar interactivas con los peregrinos que van  llegando a la zona.

Petiscos do Brasil

Petiscos do Brasil

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Angra dos Reis

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Igreja Matriz

Tan solo fueron unas horas en la ciudad dieron para degustar un plato típico en Brasil, pero diferente en cada una de las zonas donde se coma, y un estilo de vida isleño marcado por su ritmo urbano.

El siguiente destino era pasar unos días en Paraty, una ciudad colonial ubicada en la microrregión de la Bahía de Ilha Grande. Paraty es una de las ciudades más antiguas de Brasil, ubicada a unos 5 metros sobre el nivel del mar, algo que la caracteriza porque cuando sube la marea sus calles se llenan de charcos con pequeñas inundaciones.

Paraty

Paraty

Paraty

Paraty

Cada rincón de sus calles empedradas es pintoresco, está lleno de arte e influencias de países vecinos como Uruguay y Argentina. En Paraty encontré un Brasil diferente lleno de historia que se remonta al S.XVI.  El centro era como pasear por aquellas calles de antaño donde los burros y caballos tiraban de los carros con cargas y amos dispuestos a realizar sus quehaceres diarios. Un centro considerado Patrimonio Histórico Nacional por su importante conjunto arquitectónico que luce intacto, como si el tiempo no hubiera pasado por esas antiguas casas coloniales, donde a día de hoy permanecen símbolos que se relacionan con las familias masónicas que habitaron la ciudad.

Fue una región habitada por la tribu de indios Tamoios, os senhores do litoral, que se dedicaban al cultivo de azúcar para producir el aguardiente brasilera conocida como cachaça. Una ciudad que también fue testigo de los primeros enfrentamientos con los portugueses que llegaban en busca de oro, y que gracias a la abolición de la esclavitud y a la apertura de otras rutas se conserva como en sus orígenes, porque su gente emigró a otras ciudades en busca de trabajo. Hoy vive de  actividades como la pesca, la producción de productos artesanales, el arte indígena y el turismo.

Un paraíso donde no solo Paulistas y Cariocas acuden cada fin de semana a disfrutar de la tranquilidad de sus días, mezclada  con el barullo de sus noches de conciertos al aire libre y conversaciones multilingües. 

Visitas y paseos por sus empedradas calles para visitar un centro con casas bajas de colores llenas de magia, Iglesias coloniales, como Nossa Senhora das Dores, e Santa Rita, que acogieron un día a portugueses y españoles en busca de un nuevo mundo e indígenas que rezaban por su tierra. Todos con algo en común, la fé.

Paraty

Paraty

Bahía de Paraty

Bahía de Paraty

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Igreja Nossa Senhora das Dores

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Igreja-Santa-Rita

En Paraty también hay mucho turismo de deportes acuáticos así como de trilhas (senderismo) y cachoeiras (cascadas)… Visité  Praia da Trinidade una famosa playa por su mar bravo y sus leyendas de embarcaciones de piratas que llegaban en busca de tesoros perdidos. Ese día corría mucho el viento y no me pude bañar, por lo que aproveché para caminar, era muy larga y de naturaleza salvaje.

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Praia da Trinidade

Al día siguiente fuimos a La Cachoeira do Tobogã, o Cascada del Tobogán que es una piedra donde mayores y niños la utilizan como tobogán cayendo a un pequeño pero profundo lago. Un lugar precioso, natural y muy divertido. Detrás de la cascada hay cuevas y rutas para seguir caminando y conociendo más la zona. Nos habían hablado de que en este lugar había una antigua destilería de cachaça, conocida en Brasil como Alambiques, y merecía la pena visitarla para comprar algunos dulces y licores. Tras unos matorrales se escondían grandes barriles y una cabaña de madera donde nos recibió un señor encantador que nos explicó todo el proceso a la vez que  nos daba a catar las diferentes cachaças en función de su destilación.

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Cachoeira do toboga

Family time

Family time

Debía volver a Río de Janeiro, donde en unos días salía mi avión de vuelta a Madrid… ¡que rápido pasaba el tiempo!

Todo es de gran valor vital cuando viajas hacia nuevos lugares, culturas y esencias. Hay tanto que hacer y que conocer que cada uno lo organizará a su manera, con este post quería contaros parte de mi experiencia en Brasil, ya que hay sensaciones que no se pueden describir con palabras.

Este post también va dedicado a las personas que enriquecieron mi experiencia. Obrigada galera pelas risadas!

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